Autora: Xuchitl Vázquez Pallares/Colaboración especial
Tal parece que Chavo López no sabe de historia, de cultura, de apreciar las piedras impregnadas de historia
El cambio de Michoacan (Domingo 15 de Abril de 2007)
El problema es la ignorancia, el desamor no sólo a las raíces sino a la tierra. Durante el tiempo que lleva la última administración municipal se han llevado a cabo
hechos realmente aberrantes. Se han cometido crímenes contra nuestra cultura en aras del «mejoramiento» y «embellecimiento» de Morelia.
El problema es qué concibe el señor Salvador López Orduña por mejoramiento y embellecimiento. Se han cometido crímenes atroces, ante nuestros ojos, se han derribado árboles centenarios, y con las remodelaciones se ha acabado con la esencia de la ciudad.
Es totalmente diferente restaurar que remodelar. El remodelar es cambiar totalmente lo anterior, es no respetar como estaban las cosas. Tal es el caso de la Calzada, la cual nuestros ancestros con conocimiento total de por qué y para qué la estaban haciendo, tallaron piedra por piedra con todo amor y cuidado, pegaron cada una de ellas con néctar de raíz de orquídea, ya que se trataba de un camino sagrado, que unía al humano con su divina madre. El «mejoramiento» quitó todo ese amor, todo ese misticismo, y néctares de flores para llenar de cemento que impide la natural filtración del agua a la tierra. Ahora las piedras que antaño llenaban de dignidad la Calzada, causan lástima al parecer sólo burdos pegotes.
El segundo crimen fue el «mejoramiento» de la antes bellísima Avenida Camelinas, con sus anchos camellones verdes y sus cientos de flores que invitaban no solamente al automovilista sino al peatón a sentirse privilegiado de vivir en esta ciudad. Ahora en medio del arroyo vehicular, hay camellones sin utilidad alguna que sólo hacen más difícil la circulación. La escultura conocida como «La Paloma» del gran maestro Alfredo Zalce, se oxida por falta de mantenimiento y junto a ella quitándole toda vista y dignidad se construye un adefesio de cemento.
Los otros crímenes cometidos ante los ojos de todos han sido contra las majestuosas plazas de Las Rosas, El Carmen, Valladolid, la Plaza Morelos, las cuales no necesitaban mejoramiento alguno, pues estaban bellísimas, con la belleza que les daban los siglos y sobre todo que les dieron todos aquellos que las disfrutaron, y vivieron.
Ahora no parecen plazas históricas, ni tienen vida, ni carácter. Parecen escenografías de parque de diversiones estadounidense, intentando reproducir una plaza colonial de Morelia. Lo que han creado es caricatura de lo que había, ahora son plazas muertas, sin vida, sin espíritu, sin dignidad ni historia. Paradójicamente fue por toda esta historia que el actual Ayuntamiento se empeña en quitar a plazas y calles, que en diciembre de 1991 Morelia fue declarada por la UNESCO, «Patrimonio Cultural de la Humanidad».
Tal parece que el Chavo López no sabe de historia, de cultura, de apreciar las piedras impregnadas de historia. Tal desprecio por la parte histórica labrada a mano y transportada a lomo de miles de indígenas es interpretable como un racismo histórico. Tal parece que sus ojos azules conllevan un filtro que impide ver el arcoiris, quita la transparencia y piensan que el mundo es como ellos lo ven.
Ahí está el problema, en no entender ni valorar al otro, ni al pasado ni al futuro. Es sumamente grave la ignorancia, la prepotencia y la altivez demostrada al efectuar estos crímenes contra nuestra historia y cultura.
El último crimen contra la humanidad que se intenta cometer en la gestión de López Orduña es el «megatúnel», el cual de realizarse destruirá la parte más valiosa, más despreciada y la más ignorada de nuestra riqueza cultural: nuestra raíz indígena.
Ocultos bajo la superficie de la montaña de Santa María se encuentran los vestigios de nuestras raíces, de nuestra historia, de nuestros ancestros, de los originales propietarios no sólo de Santa María, sino de este país.
El pasado indígena de la famosa Morelia ha sido sepultado, poco investigado, se han ocultado y sepultado bajo tierra y toneladas de cemento los vestigios arqueológicos de los pirindas en esta zona de la ciudad.
Existen testimonios de que toda esta área estaba catalogada como zona protegida. Se sabía de la existencia de un juego de pelota, el cual estaba ubicado entre las calles de Tabachines y Bugambilia de la colonia Nueva Jacaranda. Se sabe de la existencia de cuevas en las cuales según testimonios existían restos arqueológicos. Estas cuevas están ubicadas tras las casas números 160 a 140 de la calle Orquídea, y por supuesto no se puede pasar a constatar su existencia o su riqueza enterrada, ya que se han convertido en el traspatio de enormes residencias. Nos hicieron saber que fue desde hace 30 años, que empezó a lotificarse esta zona, sobre todo a partir de que un antiguo director del Instituto Michoacano de Vivienda se apropió de una enorme área.
En su momento, arqueólogos del INAH pararon las obras, pero debido a «acuerdos» entre esta institución y otras autoridades, las obras continuaron. Los vecinos recuerdan cómo los desesperados arqueólogos les comentaban lo que encontrarían al hacer los cimientos de sus viviendas, suplicándoles conservaran las piezas que aparecieran. En ese entonces, estaban casi a la vista, los restos del juego de pelota y de un acueducto prehispánico que partía desde lo que ahora es El Campestre, hasta donde está el Hotel Real Camelinas. Es evidente que actos de corrupción por parte del INAH y diversas instancias gubernamentales, de antes y de ahora, han sido parte fundamental para ocultar estos hechos y toda información sobre los pirindas.
Nos llevaron hasta el lote 107 de la calle Bugambilia, donde antes se podía ver gracias a la excavación que realizaron arqueólogos, parte de las gradas del juego de pelota, así como un pequeño basamento, ambos desaparecidos bajo toneladas de cascajo para ocultar todo vestigio, vender y dar carpetazo a la «supuesta» área protegida.
Se sabe que mientras más arriba se iba en la montaña, se encontraban más vestigios en número e importancia. Es debido a esto, que la zona ubicada al borde de la «bandera» se mantuvo como zona «ecológica» protegida. Y es toda esta riqueza, tanto cultural, histórica y ecológica la que será destruida cuando se lleve a cabo la construcción del megatúnel.
Los principales asentamientos de los pirindas, en lo que es hoy Morelia, estaban localizados en la parte alta: Santa María, Jesús del Monte, San José de la Montaña, San Miguel, El Durazno. Esto debido a la abundancia de manantiales de agua, cascadas, fauna y flora, entonces existentes gracias a la gran cantidad de árboles que conformaban la sierra que rodeaba al valle. También escogieron esta zona por su ubicación estratégica; la vista al valle y sus alrededores les aseguraba una excelente defensa en caso de ser atacados.
Es sobre toda esta zona, sobre la que ahora han puesto sus ojos, el presidente municipal y los grandes capitales para aumentar su enriquecimiento. Sin importarles, la historia, la riqueza natural, el bosque, los mantos freáticos y mucho menos les importan las comunidades ahí asentadas desde siglos atrás y verdaderos dueños de todo.
Su venta les generará ganancias multimillonarias, mientras para las comunidades no habrá nada, sólo suelos áridos y mayor escasez de agua. Los originales dueños de las tierras serán sólo sirvientes, jardineros, veladores, de las residencias de quienes todo les quitaron.
El gobierno municipal no ha sido claro en ningún momento, existe un filtro impenetrable a los que se oponen a este atroz crimen contra la historia y nuestros recursos naturales. Se ha mentido respecto a la viabilidad del proyecto, se ocultan datos sobre el peligro que existe al perforar o alterar la estructura de la montaña.
Todos sabemos que existe una falla geológica en esta zona, nos la han tratado de ocultar, pero la naturaleza se ha encargado de mostrar cuánto nos han mentido. Así lo hacen constar los derrumbes e inundaciones. Contra la naturaleza no hay crimen que no se pague. Desgraciadamente será toda Morelia la que pague los crímenes de una administración irresponsable, ignorante y ávida de más poder.
Como se ve, el problema no es el megatúnel, el problema es de sobrevivencia no sólo de Morelia sino de las raíces, y sin raíces no hay vida.